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La postura del pie adelantado.

Postura del pie adelantado

Cuando estamos de pie, sin movernos, a veces dejamos caer todo el peso del cuerpo sobre una sola pierna, o sobre una sola cadera, cuando esto pasa, lo normal es que una de las piernas quede mas bien recta y la otra un poco flexionada, dejando ese mismo pie un poco adelantado con respecto al resto del cuerpo, esto es lo que se llama la postura del pie adelantado.

Precisamente se llama “pie adelantado” porque es como si nuestro pie estuviera por delante del cuerpo no solo físicamente, sino también en cuanto a pensamientos.. la explicación: el pie adelantado siempre estará señalando hacia la dirección a la que queramos ir en un futuro inmediato. Es decir, si vemos a una persona hablando con otra en un cruce de cuatro calles, mirando sus pies podremos deducir qué dirección tomará al finalizar su conversación con una muy alta probabilidad de acierto.

Ella podría estar incómoda, querer irse (si apunta hacia la salida), o simplemente tiene pensado ir hacia su derecha tras la foto.

La postura del pie adelantado tiene más detalles, por ejempo, si son varias las personas que están hablando, cuando alguna de ellas está señalando a otra con el pie puede indicar que tiene afinidad con esa persona, que es la que más interesante le parece, que es con la que está más de acuerdo con lo que dice o que es una persona que le resulta atractiva. Sin embargo, si en la misma circunstancia una de las personas tiene la postura del pie adelantado pero no señala a nadie del grupo o señala hacia alguna salida con el pie, quiere decir que no le interesa la conversación, no está de acuerdo, o quiere irse.

Imágenes:  Photoxpress

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Un error común al analizar emociones.

Al ocultar emociones nos centramos en nuestra cara

Hay un refrán que dice que “la cara es el espejo del alma” dando a entender que lo que sentimos en el alma se ve reflejado en nuestra cara, y no le falta razón. A menudo se pueden ver en nuestro rostro las emociones que estamos sintiendo; la forma en que se tensan los músculos tanto de la cara como de los labios, la apertura de los ojos y las fosas nasales, la posición de las cejas, etc.. nos da información para saber si una persona está enfadada, feliz, triste o asustada, entre otras cosas.

Sin embargo, hay que tener cuidado al pensar que podemos saber lo que está sintiendo una persona con solo mirarle a la cara, ya que a la hora de ocultar sentimientos, la cara es una de las partes del cuerpo más fáciles de manejar para ocultar nuestras emociones. Muchas personas que se sienten tristes pueden emplear la sonrisa y otros rasgos faciales para “disimular” su tristeza, o una persona que esté enfadada quizás quiera pasar inadvertida para evitar algunos problemas.

Entonces, ¿cómo podemos analizar mejor las emociones de los demás?, es muy sencillo. Como decíamos antes, sabemos que la cara es la parte del cuerpo que va a reflejar nuestro estado de ánimo a los demás, así que cuando queremos “ocultar” lo que sentimos, será la expresión facial lo primero que intentemos cambiar, es tanto así, que las personas centran todo su empeño en cambiar su cara pero se olvidan de darle importancia al resto del cuerpo, esto quiere decir que sus pies, brazos, piernas, manos y su postura y expresiones físicas en general nos seguirán ofreciendo información acerca de sus sentimientos.

Algunos factores pueden dejar al descubierto nuestras verdaderas emociones

De todos modos, aunque la persona intente cambiar su rostro, hay algunos factores que pueden hacer salir a la superficie sus verdaderos sentimientos, por ejemplo puede que la persona no pueda controlar su expresión todo el tiempo y haya “fugas emocionales” de vez en cuando y puedan verse en su rostro sus verdaderas emociones , pero para percatarse de estas fugas hay que estar muy atento y ejercer perspicacia. Por otra parte también existen las microexpresiones, que son pequeños músculos o tendones en nuestra cara que son casi imperceptibles a la vista pero que el cerebro puede reconocer, estas microexpresiones seguirán delatando a la persona incluso tras su esfuerzo por “enmascararse”, pero las microexpresiones son mucho mas dificiles de analizar conscientemente, de hecho, para los estudios realizados sobre microexpresiones es necesario grabar a las personas en video y observarlo con detenimiento varias veces.

Por lo tanto, si queremos saber cómo se siente una persona, no podemos caer en el error de observar solo su rostro, también deberemos inspeccionar el resto del cuerpo y sus posturas. Del mismo modo, si queremos “ocultar” nuestras emociones deberemos tener cuidado de darle al cuerpo también la importancia debida a la hora de “disimular”.

Imagenes:  Photoxpress y StockVault

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El efecto Clever Hans, o cómo responder correctamente a una pregunta sin saber la respuesta.

Clever Hans, de donde este efecto toma su nombre, era el nombre de un caballo, en español este caballo se llamaba Hans el listo, y es necesario conocer su historia para saber qué es el efecto Clever Hans..

Sobre el año 1900, un hombre llamado Wilhelm von Osten, decidió comprar un caballo con el fin de adiestrarlo para poder hacer funciones matemáticas tales como sumar, restar, multiplicar o dividir. Le enseñó a dar la respuesta a las funciones mediante golpes de patas, de modo que si le preguntaba cuánto eran 2×3, daba seis golpes con la pata. Pues bien, su adiestramiento fue un éxito y no sólo aprendió esas cosas, también podía dar la hora, decir la fecha, leer y deletrear, entre otras cosas. En poco tiempo Clever Hans llegó a hacerse realmente famoso en su época…

Sin embargo, muchos pensaron que podría tratarse de un fraude y que el entrenador o alguien del público podría estar dándole las respuestas correctas, así que sometieron al caballo a varios experimentos para comprobar su autenticidad, de modo que quitaron al público, aislaron al caballo, cambiaron al entrenador, cambiaron las preguntas, y sin embargo Clever Hans seguía dando respuestas satisfactorias, al menos hasta cierto momento, dónde una prueba reveló lo que realmente estaba ocurriendo: Clever Hans solo era capaz de dar la respuesta correcta (casi un 90% de las veces) cuando la persona que le hacía la pregunta sabía la respuesta, por otra parte, si la persona que le preguntaba no conocía la respuesta, solo acertaba un 6% de las veces. Así es, el caballo se servía del lenguaje corporal de la personas presentes para saber cuándo debía parar de dar golpes con la pata; mediante la tensión muscular, el sostener el aire en los pulmones unos segundos, el levantar la cabeza, apretar los puños, sonreir, abrir un poco más los ojos de lo normal y otros gestos, las personas presentes le “decían” al caballo cuándo parar.

El efecto Clever Hans tuvo gran repercusión y fue probado en otros animales y también en humanos, dando resultados positivos en ambos casos, y, lo que resulta más curioso, es que esos gestos son mayormente involuntarios, algunas pruebas en las que las personas que sabían la respuesta intentaban ocultar o no mostrar gestos cuando la otra persona o animal llegaba a la respuesta correcta, evidenciaron que aún así eran reconocibles en la mayoría de ellos.

En la Wikipedia puedes ver un articulo completo sobre Cleaver Hans y su efecto.

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